Sunday, December 18, 2005

Soy Calígula cuando sufre por no poder cambiar el orden de las cosas, cuando pretende hacer que el sol se ponga por el este, que el sufrimiento decrezca y que los que nacen no mueran. El dormir hoy se convierte en deseo y no hay sueño despierto en sus lidless eyes. Llamaría al actor que enseñó a Arturo VI a mover las manos y caminar entre la gente. Bloom es el judío errante que se metamorfosea ulises y ella es el andrógino de sus días contados. Se pierde entre las hojas de palabras símbolos y busca en el estado más primitivo de su ser el viaje hacia su infinito sensible. Quiere alas y no pies pero es el último trayecto, el último hálito; demasiada literatura miente. Para ella, el mundo hoy es sólo tinta y hojas que absorben colores fluorescentes. Se encienden las pupilas de su espera en la nocturnidad del cuarto vacío de olores humanos. Volverá a encontrarse cuando descubra los puntos suspensivos del nuevo camino. No sabe quien es sin cámara ni viajes, se proyecta en áfrica, se piensa en pocos días recorriendo nuevamente huellas incas, se recuerda que el miércoles se disfrazará con un título de grado que quizás cuelgue en alguna hoja caída del árbol de Godot.